Guacolda Antoine ya superó el centenar de años y sigue activa. Ex alumnos del Liceo Lastarria llegan hasta su casa, en Ñuñoa, para hablar del pasado y de números, atraídos por su lucidez.

Guacolda Antoine ya superó el centenar de años y sigue activa. Ex alumnos del Liceo Lastarria llegan hasta su casa, en Ñuñoa, para hablar del pasado y de números, atraídos por su lucidez.

El sábado 1 de junio, el Liceo José Victorino Lastarria celebró su centenario en un evento realizado en los pasillos del establecimiento de Providencia. Luego de que la directora, Malva Venegas, diera su discurso, recordando la historia del plantel, una de las invitadas sorprendió a los presentes pidiendo la palabra: era Guacolda Antoine Lazzerini, ex profesora de matemáticas del liceo, quien, a sus 105 años, había participado en el comité organizador de la celebración.
“No estaba contemplado que hablara, pues pensábamos que a su edad no iba a querer, pero ella misma lo pidió. Se subió a la tarima, utilizó el micrófono e hizo un recuerdo de sus años en el liceo. Mencionó que allí no sólo comenzó a hacer clases, sino que también conoció a su futuro marido”, comenta Venegas.
Pero la actividad y lucidez no son algo que sorprenda a sus más cercanos. Antoine acude a clases de gimnasia dos veces por semana, lee novelas históricas, resuelve sudokus y en las pasadas primarias acudió a votar. “Hice yoga durante 30 años, hasta fines de los 90, cuando me lesioné el hombro, por eso estoy bien físicamente”, cuenta.
Boris Chornik, miembro del Departamento de Física de la Universidad de Chile y ex estudiante de la profesora, la visita regularmente. “Hace dos años, un compañero de trabajo me retó con un teorema de geometría. Era un ejercicio mental, para acordarse de las cosas que aprendimos en el liceo, pero a mí, más ligado a la física, me resultaba complicado”, recuerda.
“Un día fui a su casa, le planteé el problema y al otro día me llamó para dar la respuesta. A menudo la visito y hablamos de actualidad, política y, por supuesto, matemáticas”, agrega.
Sentada en el living de su departamento de Ñuñoa, el mismo lugar donde recibe a ex alumnos, Antoine recuerda ese momento con modestia: “Era un problema fácil que pude resolver. A veces uno se despista, se pierde, y se va por otros lados”.
“Me gusta resolver teoremas, aunque no los ando buscando, prefiero leer y hacer sudokus. Pero si me vienen a preguntar algo, trato de ayudar”, agrega.
Hija de un francés de Burdeos y una italiana de Florencia, que llegaron a Chile cuando eran niños, Guacolda Antoine nació en Santiago el 11 de abril de 1908. “Mi madre era muy inteligente y estudió en una escuela italiana. Estaba en condiciones de entrar a la universidad, pero debía ir a una en Italia. Como la familia no tenía dinero, no viajó. No fuimos de los italianos que se hicieron ricos”, dice, entre risas.
La profesora, que habitó la comuna de Ñuñoa gran parte de su vida, fue la mayor de seis hermanos, ninguno de los cuales está vivo. “Debido a la temprana muerte de mi padre, la condición de mi familia no era boyante, por lo que me tuve que preocupar de ellos. Los dejé trabajando y luego fueron hombres y mujeres útiles”, comenta.
Su descendencia está compuesta por dos hijos (de 65 y 66 años) y siete nietos, la mayoría ligada al mundo científico, salvo una nieta que estudió Leyes y otro, el menor, interesado en seguir Sociología. “Quizás les asustaron los números”, comenta.
La carrera docente de Antoine, quien estudió matemáticas en el Instituto Pedagógico de la U. de Chile, se prolongó por medio siglo: comenzó a fines de los años 20 en el Lastarria -donde conoció a su marido, el inspector Arcadio Escobar- y en el Instituto Pedagógico. Luego ocupó varios cargos en la U. Técnica (actual U. de Santiago) y en la U. de Chile, donde incluso fue nombrada jefa de la Comisión de Bachillerato en Matemáticas. Concluyó su labor en el Colegio Kent School, donde se retiró en 1985. Hasta la década pasada, aún realizaba clases particulares.
“Muchos decían que estudiara Medicina, pero me incliné por la Pedagogía, por casualidad. Estaba en el Liceo de Aplicación en mi último año y un profesor alemán nos sacaba a la pizarra para hacer ejercicios. Yo era la única que los resolvía, y con ese sistema aprendí mucho, pero mis compañeras no. Entonces, para la prueba final, se me ocurrió enseñarles y a todos les fue bien. El profesor estaba sorprendido y me nacieron ganas de dar clases”, agrega.
Antoine hizo clases en el Lastarria hasta 1957, pero siempre ha estado pendiente del liceo. De hecho, las protestas estudiantiles no son ajenas para ella. “Los alumnos actuales quieren modificar las cosas, quien mejorar. Es carísimo el estudio, en mi tiempo no se pagaba. Hay cosas que conviene cambiar”, reflexiona.
“Además, los profesores deben motivar más a los estudiantes, no basta con llegar y decirles cosas, hay que atraerlos hacia la enseñanza y eso no siempre está ocurriendo”, agrega.
Antoine, quien lee diariamente un periódico nacional y uno internacional, asegura que su candidata es Michelle Bachelet. “Siempre he sido de izquierda y uno de mis hijos dice que debería votar por Marcel Claude, pero yo le respondo que en esta elección no, que quizás en la próxima, si es que se presenta, cuando yo tenga 109 años”, dice con una sonrisa.
Fuente: La Tercera.