El siguiente es parte de un reportaje hecho por Revista Paula en su edición aniversario, dedicada a la mujer que vive en plenitud la madurez de la vida.
Una mujer de 70 años puede estar empezando la universidad, entrenando para un mundial de atletismo o marchando en la calle por sus derechos. Puede que haya decidido hacer un viaje sola, casarse otra vez o convertirse en monja tras años de vida en pareja. Hoy, que la esperanza de vida de las mujeres supera los 80, cada vez más chilenas de 70 están activas y llenas de planes. Decididas, abrazan los sueños de los 15 con la fuerza y libertad que solo se alcanza con el paso de los años.
REINVENTADA

Marcela Noé (70 años).

Marcela Noé (70 años).

En septiembre Marcela Noé, socióloga y socia de la consultora Imaginacción, cumplirá 70 años. Y lo celebrará yéndose sola de viaje por un mes. Va a Italia, a conocer el pueblo donde nació su abuelo y, aparte del pasaje, solo tiene reservada la primera noche de hotel. “Quiero tener libertad total. Este es un viaje sin estrés”, resume. Esta no es la primera vez que se sale de la norma. Tenía 63 años cuando decidió que, además de trabajar como socióloga, quería ser instructora de pilates. Su profesora la desalentó: le dijo que por su edad quizás no lo conseguiría. Pero ella estudió y practicó los ejercicios junto a compañeras que tenían 40 años menos y consiguió su certificado. Ahora hace clases en el estudio pilates de Francisca Molina, actividad que combina con trabajo en consultoría. “Mi edad me permite vivir sin ansiedades, sin la presión de rendir pruebas y, en cambio, sintiendo que tengo mucho que aportar y entregar a otros. Mis papás vivieron más de 90 años, por lo que siento que me queda mucha vida por delante. Hay desafíos que aún puedo tomar”, dice.
CAMPEONA
Sonia Hernández (73 años).

Sonia Hernández (73 años).

Sonia Hernández (73 años) entrena marcha atlética tres veces a la semana, durante casi dos horas, en distintos parques de la ciudad. Ha ganado más de 300 medallas de oro, plata y bronce en competencias de barrio, nacionales y sudamericanas en la categoría senior. Lo suyo no es de toda la vida. Empezó entrenando cuando enviudó, hace 20 años, y no ha parado más. Actualmente se prepara para participar en el mundial de atletismo de adultos mayores en Porto Alegre, Brasil, en octubre. Cuenta: “Nadie me financia, pero no me importa. Tejo, hago cosas dulces, trabajo como china, hasta que junto la plata para pagar la inscripción y los pasajes para participar. Mi meta para 2015, cuando cumpla los 75, es aventurarme en otra disciplina: correr dos kilómetros con obstáculos”.
TRABAJAR HASTA EL FINAL
Nuria Aznar (72 años).

Nuria Aznar (72 años).

“¿Sabes dónde está la vejez? La vejez no está en el año de tu nacimiento, está en tu actitud. En el momento en que empiezas a pensar solo en ti misma, jodiste: estás vieja”, dice la enfermera Nuria Aznar (72 años), quien trabaja de lunes a viernes en la Clínica Alemana. A los 60, cuando se le presentó la oportunidad de jubilar, se negó. “Me sentía en la mejor etapa de mi carrera, estaba tomando un posgrado en la universidad y tenía la misma energía que a los 40. Me jubilé a los 65, pero seguí trabajando. Dejas de trabajar y ¿qué haces? ¿Ves televisión?, ¿te vas a viajar? Eso a mí no me llena”, dice. Casada, con cinco hijos, lleva más de 50 años de ejercicio profesional y no piensa parar hasta que la salud la obligue. “Ahora, más que nunca, quiero dedicarme a trabajar. Ya crié a mis hijos, así es que tengo el tiempo y ya no siento culpa. Mientras más años trabajemos las mujeres, es mejor para nosotras y mejor para la sociedad”, afirma.
CAMBIO DE HÁBITO
Teresa del Carmen González Poblete (66 años).

Teresa del Carmen González Poblete (66 años).

A los 60 años Teresa del Carmen González Poblete (66) renunció a su trabajo como maestra de cocina en una empresa de alimentos, vendió su casa, repartió el dinero de la venta entre sus tres hijas y donó su ropa a un hogar de ancianos. Se despojó de todo, incluso de su nombre. Y dos años  más tarde, en el Santuario San Rafael de   La Pintana (en el que aparece retratada), frente a 500 personas, sus hijas y sus cinco nietos, tomó los hábitos. Desde ese día es la hermana Andacollo, monja misionera del Instituto del Verbo Encarnado. Ese había sido su sueño desde niña. A los 17 hizo un año de noviciado, pero tuvo que salirse  porque se cerró la Congregación. A los 25 se casó y tuvo a sus hijas, a cuya crianza se dedicó. Cuando la menor de ellas le anunció que se casaba, Teresa –que por entonces ya estaba separada– sintió que había llegado el momento. “Era libre y esta era mi última oportunidad. Empecé una nueva vida. Nunca es tarde para servir y mientras pueda caminar, voy a ser una misionera”.
MECHONA
Sonia Piña (66 años).

Sonia Piña (66 años).

“Defendiendo a los que no pueden pagar un abogado”. Así se imagina Sonia Piña (66) que será su vida a los 72, cuando se reciba de Derecho en la Universidad Santo Tomás. Está en el segundo semestre. Sus compañeros, veinteañeros en su mayoría, no imaginan que esta señora que participa activamente en clases tuvo que dejar el colegio a los 9 años para trabajar en una fábrica de zapatos. Después de ganarse la vida como comerciante durante años, a los 44 decidió terminar el colegio. Su diploma de cuarto medio lo recibió a los 49 años. Después estudió contador auditor en la Escuela Superior de Comercio. “A los 65 me inscribí en Derecho y voy a pagar la carrera como sea. Mi ejemplo empujó a mi hija y a uno de mis nietos, que se decidieron a entrar a la universidad. No te rías de lo que te voy a decir: pero yo soy joven. Me siento joven”.
 
Fuente: revista Paula.