Hilda Bravo lleva 66 años dictando clases en diferentes aulas del país. En sus inicios iba a caballo a matricular alumnos. Hoy, viaja en Metro y enseña a estudiantes de San Miguel.

Hilda Bravo lleva 66 años dictando clases en diferentes aulas del país. En sus inicios iba a caballo a matricular alumnos. Hoy, viaja en Metro y enseña a estudiantes de San Miguel.

Hilda Bravo lleva 66 años dictando clases en diferentes aulas del país. En sus inicios iba a caballo a matricular alumnos. Hoy, viaja en Metro y enseña a estudiantes de San Miguel.
“Siempre dije que algún día tenía que escribir mi biografía”, dice Hilda Bravo, y tiene argumentos a su favor. Lleva 66 años trabajando como profesora, lo que la convierte -de acuerdo a un catastro del Ministerio de Educación- en la docente en ejercicio más antigua del país. Un orgullo para ella, que ha sido testigo y protagonista de los cambios que ha vivido la educación chilena, desde que se tituló de la Escuela Normal José Abelardo Núñez, en 1947.
Hoy, a sus 87 años, con 18 nietos y siete bisnietos, parte cada mañana desde su casa en Vitacura para hacer clases de ciencias sociales en la pequeña escuela particular subvencionada La Raíz y la Espiga, de San Miguel. A las siete de la mañana toma un colectivo hasta la Escuela Militar y desde allí viaja en Metro hasta la Estación Ciudad del Niño. A las 8.30 ya está en el colegio, donde la esperan cinco docentes, incluido el director, y no más de 50 alumnos, de primero a octavo básico.
Allí está Israel, a quien le dijo que comprara anteojos para mejorar su rendimiento. También está Niko, quien asegura que, gracias a ella, le ha ido mejor: “Nos dice que tenemos que sacar cuarto medio o seremos nadie”.
Hilda Bravo, oriunda de Talca, es hija de agricultores y creció con cinco hermanos. Cuando iba en sexto de humanidades decidió que quería enseñar. Se recibió en 1947 como profesora normalista y su primer trabajo fue en una escuela rural en Panquilemu, cerca de Talca. “Muchas veces tuvimos que ir a matricular niños, con mi colega, a caballo. Las mamás no querían enviar a sus niños a la escuela. Sin embargo, con el tiempo, llegamos a tener cerca de cien alumnos”.
Asegura que el trabajo que más recuerda es el de directora de una escuela para adultos: “La número 32 de Gran Avenida, en La Granja, durante la presidencia de Eduardo Frei Montalva”, quien lideró un proceso de alfabetización en el país. Relata que allí implementó una campaña de alfabetización en las poblaciones, extendió su labor a los centros de madres y modernizó la escuela.
Menciona, también, que se desempeñó como directora de una escuela para adultos en Las Condes y que, en un momento, llegó a trabajar en tres colegios a la vez. “Mi esposo había fallecido, tenía un hijo en la universidad y otros en el colegio. Tenía que educarlos”, dice sobre sus ocho hijos.
Añade que en 1973 fue elegida por los docentes del Sindicato Unico de trabajadores de la Educación (Sute) para representar al departamento de Pedro Aguirre Cerda, pero que su nombramiento estaba programado para el 11 de septiembre de ese año, por lo que no alcanzó a asumir. La entidad fue disuelta y reemplazada por el Colegio de Profesores. En 1980 se jubiló, al cumplir  los 33 años de servicio que se exigía entonces. Pero, sin hijos que mantener, ni deudas que saldar, siguió dedicándose a lo que más le gusta. Hoy sus colegas le piden consejos. “Ella es un referente para mí y el resto de los profesores”, dice Jorge Valenzuela, director de La Raíz y la Espiga.
Pero no todo es mirar hacia el pasado. Hilda Bravo se mantiene al tanto sobre los debates en educación y tiene sus posturas. Dice que los profesores de antes tenían más vocación, que las universidades deberían aumentar los requisitos para las carreras de Pedagogía y que mediciones como el Simce y la evaluación docente sólo dificultan el proceso educativo en el aula y generan estrés en los docentes.
“Hay factores que han hecho muy difícil el desarrollo de las clases en el aula. Muchas escuelas se dedican exclusivamente a preparar al curso en las asignaturas del Simce y descuidan los valores y cómo aprenden los niños”, asegura.
Respecto de los alumnos de hoy y cómo eran antes, agrega que hoy es mucho más difícil educar: “Los niños de hoy están más conscientes de sus derechos que de sus deberes. Antes, el profesor era una autoridad y se les respetaba. Hoy, cualquier persona cree que puede faltar el respeto, o amenazan que los van a denunciar”. El próximo mes, Hilda Bravo cumple 88 años y actualmente está con licencia por una trombosis. Por eso, dice que éste podría ser su último año como docente, pero luego agrega: “Todos los años digo ‘este es el último’”.
 
Fuente: La Tercera.