Alzheimer-620x350En Chile se ha visto un aumento de personas que padecen Alzheimer, una enfermedad que también afecta a su entorno familiar y social. Por esto no podemos estar indiferentes a ella, ya que es una enfermedad que no discrimina.
En un principio, los síntomas de esta enfermedad son tan tenues, que la familia podría no detectarlos, debido a que podrían confundirse con los trastornos de memoria propias del envejecimiento normal.
Las mujeres sobre 65 años son el grupo con el mayor riesgo de padecerla.  Por esto, estar informados sobre ella es fundamental; en especial si es que se tiene antecedentes familiares, o vive con alguien que padezca la enfermedad.
A menudo se escucha que quien padece la enfermedad, no es la que más sufre, sino que quienes viven y están en contacto permanente con la persona afectada. Nicole Chehade, terapeuta ocupacional de Seniority, concuerda con ello y enfatiza: “En un principio las personas con Alzheimer son autónomas e independientes; sin embargo, a medida que la enfermedad avanza, la supervisión y cuidados se incrementan, produciendo un desgaste emocional, físico, económico y social. Esto se debe a que los familiares cercanos, y en especial las personas que viven con un enfermo, poco a poco van relegando su participación en actividades significativas, roles donde anteriormente eran importantes y tiempo para su autocuidado, lo que conlleva a sufrir ansiedad, depresión y adoptar una actitud negativa hacia la persona”.
Frente a esto, la profesional aconseja la importancia de mantenerse informado, tener paciencia, ofrecerle a quien tiene la enfermedad seguridad y confianza, no censurarlo por su conducta y adaptar el ambiente para que la persona sea lo más autónoma posible.
También es importante para sobrellevar esta enfermedad, disponer del consejo de otras personas que han pasado por la misma situación. “Esta comprensión es fundamental para adoptar una buena actitud hacia el paciente y así disminuir los niveles de ansiedad. Además, es importante mantener una buena comunicación al interior de la familia, conservando responsabilidades compartidas y así evitar la sobrecarga del cuidador”, concluye la especialista de Seniority.
Entre las primeras manifestaciones de esta enfermedad se identifica la pérdida de memoria, dificultad para realizar tareas familiares, alteración del lenguaje, pérdida de cosas, desorientación en tiempo y espacio, pobreza de juicio, cambios de humor, de conducta y de personalidad, entre otras.
 
Fuente: www.seniority.cl 

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