¿Adoptar un abuelo? El voluntariado chileno que le cambia la cara a los adultos mayores

Fuente: El Definido

Voluntarios se comprometen a visitarlos todas las semanas, pasan por lo menos una hora con ellos. Conversan, juegan, salen, hacen lo que “los abuelos” quieran y con el paso del tiempo forman una amistad. En El Definido conocimos qué es lo que hacen los voluntarios de la Fundación Amanoz.

Los adultos mayores son personas con experiencia, de las que tenemos un montón que aprender y también mucho que enseñar, porque seguramente para ellos no es nada fácil adaptarse a este mundo de la tecnología, redes sociales, nuevas costumbres, etc. ¿Qué nos tocará a nosotros? No tenemos idea.

El mundo está envejeciendo y se estima que el 2050 se habrá duplicado la cantidad de personas mayores de 60 años. Esta es una realidad que vamos a enfrentar en unos años más y de la que tenemos que hacernos cargo hoy. De hecho, Chile es uno de los países del mundo que está envejeciendo más rápido.

“La gente se olvida que este país está tremendamente envejecido y cuando tengan 60 años se van a dar cuenta de que son invisibles, que nadie te ve, que si eres un adulto mayor, eres un latero, pero tenemos tanto para contar, tenemos una vida de experiencia”, asegura a El Definido Patricia Pupkin, presidenta y fundadora de Amanoz Juan Carlos Kantor.

Esta fundación lleva 17 años trabajando por mejorar la calidad de vida emocional y afectiva de los adultos mayores y hace seis que comenzó con un programa de acompañamiento domiciliario, con el objetivo de visitar a adultos mayores que están solos.

“Se nos ocurrió porque es una necesidad, hay muchas personas que están muy solas en sus casas o por ejemplo, su marido está postrado y ella necesita que alguien la anime y le converse”, cuenta Pupkin.

Actualmente, el programa de acompañamiento domiciliario está presente en Vitacura y Lo Barnechea. Estas comunas han aportado con los recursos necesarios para llevar a cabo este programa que busca vecinos voluntarios, para que una vez a la semana vayan a acompañar a otros vecinos que son mayores y no tienen compañía.

“Por lo general son personas que no tienen mucha limitación física ni deterioro cognitivo, pero son personas que aisladas en sus casas, que viven solas o con la familia, pero todos trabajan todo el día y en general, no van a participar de los talleres que ofrece la municipalidad”, explica a El Definido la coordinadora del voluntariado, Valentina Vega.

Un amigo nuevo

María Alicia Camus está cerca de cumplir 98 años y vive sola. Hace un tiempo la municipalidad de Lo Barnechea le preguntó si quería que fuera alguien a su casa una vez a la semana a conversar con ella. No lo pensó mucho y se inscribió.

A su casa llegó Raúl Duco, quien hace varios meses la visita, ella nos cuenta que al principio se sorprendió: “Fue un poco insólito, pero nos hicimos amigos, a él le gustan los gatos, a mí también y por ahí empezamos a conversar, es muy agradable, estoy contenta”, dice.

Además de conversar con los adultos mayores, los voluntarios, juegan canasta, salen a hacer trámites, van al doctor, hacen literalmente lo que ellos quieran, pues la idea es que se sientan acompañados y pasen un rato agradable.

Y es que si hay algo que destaca en varios adultos mayores es “no querer molestar” a la familia, entonces esta oportunidad de poder contar con una persona a la que le pueden hablar de todo, es muy valorada. Por eso también, con el tiempo, terminan formando una amistad. Es tanto el vínculo, que incluso hay quienes se han ido de vacaciones juntos.

Alejandra Poscic, voluntaria del programa hace 4 años, cuenta que se le olvida que es un voluntariado: “Hay una persona que te está esperando, pero llega un momento en el que se crea un lazo con ella y comienza una amistad, deja de ser un voluntariado. Yo a veces me olvido, porque para mí esta señora ya es mi amiga y yo quiero saber de ella”, cuenta Poscic, y agrega que además de las visitas, están en permanente comunicación.

Importancia de las relaciones interpersonales en la vejez

Llegada cierta edad es común que los adultos mayores comiencen a sentir la soledad, es por esto que las relaciones interpersonales son fundamentales, durante toda la vida y en la tercera edad, además de impulsar la participación social, son un son un aspecto clave para tener un envejecimiento activo.

“La vinculación con otros, la pertenencia, la actividad grupal, muestran el estado de nuestra ‘salud social’. Una buena salud social impacta positivamente la salud física y sicológica de los mayores. El aislamiento y la inactividad, por el contrario, producen una deficiente salud social que afecta nuestra salud física y sicológica. El peor enemigo de una persona mayor es la soledad y el aislamiento“, señala el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama).

Algunas de las ventajas de las relaciones interpersonales personales en la vejez son:

●Ayudan a las personas a mantener su independencia

●Facilitan el intercambio de experiencias, motivan a conocer otras realidades, culturas, formas de vivir y convivir

●Contribuyen al desarrollo personal

●Liberan de angustias y miedos

●Estimulan la integración comunitaria

●Animan a realizar nuevas actividades

Un compromiso de verdad

En el programa de la fundación Amanoz, los ancianos esperan a los voluntarios y éstos no les pueden fallar, por esto, un requisito fundamental para quienes postulan al voluntariado es el compromiso. “Somos súper enfáticos de que el voluntariado es un trabajo, esto no es la buena onda que yo lo hago cuando a mí se me antoja, o puedo ir cuando quiero. No, esto es serio, el voluntario tiene un compromiso con la persona, por lo tanto pasan por un proceso de entrevista, selección y entrevista psicológica y una capacitación”, dice Vega.

Los 81 voluntarios que trabajan en este programa tienen en promedio 70 años y constantemente reciben capacitaciones acerca del envejecimiento, tipos de actividades que pueden hacer con las personas que visitan, qué hacer en caso de emergencia, etc.

Para María Alicia, poder ser parte de este programa ha sido un experiencia muy buena, porque sus amigas ya no están, por eso cada vez que va Raúl a su casa conversan de las experiencias de cada uno y toman té. “Es como si fuera alguien de la familia”, dice ella.

 

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